Thelma Mejía se refiere a la crisis de migrantes en Danlí.
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¡Me robaron la dignidad!

La crisis migratoria que golpea al país en la región de oriente, en El Paraíso, y por la cual las organizaciones que trabajan con estos grupos demandan del gobierno menos discurso y más acción para declarar una emergencia humanitaria, está golpeando severamente a las mujeres y menores migrantes que ingresan por los puntos ciegos de la frontera con Nicaragua, en especial por la zona de Trojes.

Sus historias, desdibujadas en medio de la multicrisis que vive Honduras, impactan tanto como la violencia y crímenes que a diario se registra en contra de las mujeres. Las mujeres y los menores migrantes, son también seres humanos, tienen dignidad y merecen respeto, algo que actualmente no se está haciendo, según sus testimonios.

Una joven ingeniera en petróleo, migrante de origen venezolano, comentó que en su tránsito por encontrar un país de oportunidades que no le ofrece Caracas, fue ultrajada sexualmente, y vio como otras de sus compañeras de viaje sufrían lo mismo. “Me quitaron mi dignidad”, dijo, con lágrimas en sus ojos, mientras relataba su odisea al noticiero TN5 estelar, de la Corporación Televicentro.

En tanto, los representantes de las organizaciones que asisten a los migrantes en la región de El Paraíso, cuentan el caso de un menor que al ver el chaleco de una organización humanitaria, se hizo pipí, porque creía que era un policía hondureño. El menor habría presenciado la violación de su progenitora a manos de miembros de las fuerzas del orden de Honduras.

Los presuntos abusos policiales y de personas desconocidas en contra de los migrantes, en especial las féminas y los menores, se esparcen como gritos que se estrellan ante el silencio gubernamental, el discurso dubitativo y la pose de dejar hacer, dejar pasar. La organización no gubernamental Médicos sin Fronteras, ha levantado su voz a favor del respeto a la dignidad de los migrantes, Honduras no puede ser un país agresor de quienes usan su territorio como paso para seguir el sueño de un futuro mejor. No puede ser un país que se ensaña en contra de las mujeres, nativas y migrantes.

De acuerdo a datos de las Naciones Unidas, casi la mitad de las personas migrantes, son mujeres y gran parte de ellas integran la fuerza laboral migrante internacional. Muchas cumplen sus sueños, a costa de la pérdida de su dignidad en el camino, pues son abusadas, agredidas, ultrajadas y muchas terminan siendo asesinadas o víctimas de redes transnacionales de trata.

¿Por qué migran las mujeres? Lo hacen como el resto de los migrantes, para escapar de la pobreza, mejorar sus condiciones de vida, huir de la violencia, de los conflictos y de la devastación que viven sus países. Su aporte a la economía solo es valorado por las remesas que envían, los gobiernos se jactan de ello, pero cuando se trata de dar garantías y respetar sus derechos humanos, todos, sin excepción, se hacen de la vista gorda.

En la crisis humanitaria y migratoria que se vive en El Paraíso, donde se ha alterado la vida de su cabecera departamental, la ciudad de Danlí, las autoridades migratorias no se miden para cobrar 220 dólares a cada migrante, los pagan quienes pueden, los que no, están a la mano de Dios y a la caridad de los lugareños y las organizaciones religiosas y humanitarias. Y dentro de esos migrantes, se encuentran las mujeres y los menores.

Ese trato que se está dando a los migrantes que transitan por el territorio nacional, es el que no queremos que se otorgue a los nuestros cuando emprenden la ruta migratoria, esa hostilidad que estamos mostrando como país, es la que no queremos que se repita con los nuestros.

El más reciente informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, hace una radiografía de la situación del país y entre los abusadores de estos derechos, destacan las fuerzas del orden. La mayoría de esos abusos se cometen en los retenes y detenciones de personas.

En el tema migratorio, el Alto Comisionado llama la atención sobre las debilidades institucionales del país y la ausencia de una política integral para abordar esta problemática, al advertir que a esa franja migratoria se suma otro problema también invisibilizado: el desplazamiento forzado interno, y dentro de ese desplazamiento, hay también mujeres y menores.

Honduras, se asegura, tiene rostro de mujer. Los migrantes también tienen rostro de mujer. No sigamos ultrajando su dignidad. Es tiempo de más acción y menos discurso.