Foto referencial, alumnos en aula de clases.
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Educación primero

“Puedes ser el gobernante más odiado de tu tiempo. Pero si quieres que te favorezca el voto de las generaciones venideras, abre escuelas”. Juan Lindo

Uno de los gobiernos más prolíficos en cuanto a fortalecimiento de la calidad educativa en la República de Honduras fue el que presidió Juan Nepomuceno Fernández Lindo y Zelaya, más conocido como Juan Lindo, hábil político, estadista, hombre de leyes, que gobernó este país en el periodo 1848-1852 tras ejercer el gobierno de manera provisional en 1847.

El presidente Lindo era un hombre ilustrado, el insigne abogado, periodista y escritor hondureño Medardo Mejía lo describe en su obra Don Juan Lindo, El frente Nacional y el Anticolonialismo, como “un gobernante culto, hombre de inteligencia superior y con amplio amor por la cultura”.

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Para esos años el presbítero José Trinidad Reyes y otros distinguidos hondureños habían fundado La Sociedad del Genio Emprendedor y el Buen Gusto con el objeto de ilustrar a la juventud de Tegucigalpa. 

Con la rapidez mental que le caracterizaba, cuenta Medardo Mejía, el gobernante se dio cuenta de la importancia de aquella sociedad cultural y bajo su iniciativa se autorizó la Academia Literaria de Tegucigalpa en la que se enseñaba a leer y escribir, las cuatro operaciones aritméticas básicas y en un grado superior debía enseñarse lengua latina, inglés, francés, matemática pura, geometría, geografía, filosofía y quienes alcanzaban el grado de bachillerato podían estudiar medicina y leyes.

Así fue que en 1847 y bajo su mandato se creó la Universidad Nacional de Honduras siendo el presbítero José Trinidad Reyes su primer rector.

Juan Lindo abriga el honor de ser el presidente hondureño que situó en primer término de prioridades, la cultura del pueblo, la capacitación científica de la juventud, la preparación escolar de la niñez, incluso, cuenta Medardo Mejía, él mismo instruía en su casa a los maestros que irían a desempeñar labores educativas en los pueblos.

Sabía de sobra, y es lo que le distingue y le da gloria, que a un sistema económico y social dado corresponde una cultura determinada, de allí nacía su afán y su empeño por fundar escuelas, colegios y universidades, y que estas últimas fueran incorporando facultades nuevas, entre ellas la de Química y Metalurgia.

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Para finales de su mandato funcionaban en el país cerca de 300 escuelas bajo la misión de elevar la condición de los hombres por medio del alfabeto y la ciencia, del arte y de la técnica, como medio, decía Juan Lindo, para superar la miseria, la ignorancia, la estupidez y el oscurantismo de los pueblos, no cabe duda, que este era verdaderamente un hombre superior.

Aldo Romero/Periodista y catedrático universitario

@aldoro/aldoromerohn@gmail.com