Los gobiernos de las naciones pobres, particularmente en el Caribe y América Central, han venido durante décadas, dilatando esfuerzos en estrategias y políticas poco productivas.
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Crecimiento económico frente a la crisis educativa y el deterioro social

Hablar de crecimiento económico en los países en vías de desarrollo es un tema complejo, particularmente porque las políticas y estrategias que conducen a este desarrollo anual, generalmente influenciado por el incremento en las utilidades o el valor de los bienes y servicios que se producen en un país en un tiempo determinado, deberían automáticamente reflejarse en una mejoría de la calidad de vida de su población.   

Los gobiernos de las naciones pobres, particularmente en el Caribe y América Central, han venido durante décadas, dilatando esfuerzos en estrategias y políticas poco productivas, que en lugar de conducir a la reducción de la pobreza más bien la incrementaron de manera considerable.

Es contradictorio por ejemplo en el caso de Honduras, destacar como logro trascendental un crecimiento económico de alrededor del 5% en el 2021, cuando a nivel interno, no son visibles algunas características básicas del mismo, como el fortalecimiento del capital humano, el incremento en el grado de escolaridad de la población, la reactivación de los sectores productivos muy golpeados por la pandemia y los fenómenos naturales, la generación de empleo digno o la mejoría de la capacidad adquisitiva entre otras.

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¿Qué está fallando entonces? 

Los ajustes a la política monetaria y fiscal son importantes, pero no solucionan la crisis, más bien la agudizan, las acciones para mejorar la captación de ingresos son una pesada carga para la mayoría de la población y las estrategias de apoyo a los sectores productivos no llegan a los destinatarios adecuados, solo por mencionar algunas de las medidas a las que a menudo los tecnócratas gubernamentales hacen referencia para fundamentar este imperceptible crecimiento.

No es posible concebir el progreso de un país sin elevar el nivel de vida de sus habitantes, sin promover la cultura o mejorar los servicios de salud. Basta echar un vistazo a la experiencia de países que han alcanzado envidiables niveles de desarrollo económico y humano equilibrado y sostenible adoptando decisiones alejadas de las medidas tradicionales, el secreto de su crecimiento se fundamenta en la promoción del conocimiento y la productividad a través de la educación.

¿Cómo se logra esto? 

Rectificando en las prioridades del estado, es imposible, por ejemplo, alcanzar crecimiento económico cuando un país se gasta miles de millones de dólares en construir cárceles de máxima seguridad, compra de armas y equipos de defensa, altos salarios a funcionarios y activistas gubernamentales (sin incluir lo que anualmente se pierde por corrupción) y no tiene la capacidad de inversión en infraestructura y calidad educativa. 

La generalidad de opiniones y análisis de expertos académicos sobre este tema, plantean que solo multiplicando los recursos asignados al sector educativo es que los países podrán verdaderamente alcanzar crecimiento económico.

Se requiere entonces, adoptar políticas agresivas, ambiciosas y eficientes en la preparación del recurso humano si nos proponemos tener un país con mayor equidad y bienestar social y económico, de tal manera que es fundamental ir incorporando estrategias que faciliten el acceso de la población a la educación de calidad.

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Saliéndonos de los tecnicismos de los expertos economistas sobre el tema, y entrando en la practicidad que da la visión global de una sociedad en crisis, nadie podrá desconocer que la educación de calidad, debe ser un factor determinante de crecimiento económico por dos criterios elementales, primero porque puede incrementar la capacidad de innovación y producción y, por otro lado, porque facilita la transmisión de conocimiento e información. 

De nada sirve presumir como logro de gobierno un crecimiento económico que no se traduce en beneficio social, el desarrollo debe ser concebido como la capacidad que tienen los ciudadanos de satisfacer por cuenta propia sus principales necesidades, por tanto, invertir en educación es urgente, es la única vía para erradicar la pobreza, el atraso, la dependencia y la exclusión social.

Aldo Romero/Periodista y Catedrático Universitario.

@aldoro/alromerohn@gmail.com